Primera discoteca gay estatal en pesos cubanos en La Habana o la Fiesta de los Tuix


http://paquitoeldecuba.wordpress.com/2010/12/29/primera-discoteca-gay-estatal-en-pesos-cubanos-en-la-habana/

El mensaje electrónico me lo envió un estudiante de periodismo que hace prácticas profesionales en mi redacción. Parecía demasiado perfecto para ser real: una discoteca gay en un restaurante estatal de La Habana Vieja, por solo 25 pesos cubanos, con oferta gastronómica en la misma moneda, climatización, efectos de luces y otros “de última generación”. No soy muy fiestero, pero a tono con el espíritu de celebración que prima por estos días finales del año y consecuentes con una vieja tradición romántica entre mi pareja y yo, ese mismo fin de semana nos propusimos ir a comprobar una noticia tan espectacular.

Volante que circula en fiestas particulares de ambiente gay en la capital para promover La fiesta de los Tuix

¡Y era cierto! Sobre las diez de la noche del sábado antepasado, bajamos por la calle Muralla, por un costado del Hotel Saratoga, frente al Parque de la Fraternidad, tres o cuatro cuadras hasta hallar la esquina de Compostela. Es una zona de La Habana Vieja muy cerca de importantes arterias, como Monserrate y Obispo, pero tampoco muy llamativa. Un lugar discreto, podríamos decir. Tanto que al llegar al sitio nos costó trabajo descubrir la entrada, pero allí estaba, sin muchas luces ni estridencia: restaurante El Sótano.

Pagamos la entrada y bajamos al amplio salón, donde había música y solo unos pocos clientes todavía. Esa era la primera noche de La fiesta de los Tuix.

“Cuando mi pareja y yo salíamos a pasear, y sospechábamos que alguien era gay, nos decíamos en un código secreto nuestro: ese es Tuix, por eso tuvimos la idea de ponerle ese nombre que nos pareció pintoresco”, me esclareció Navid Fernández Cabrera, quien lidera el proyecto de esta nueva opción de “ambiente”, también con el propósito explícito de luchar “contra la homofobia”.

Insistente y emprendedor, este entusiasta productor musical contemporáneo conmigo me contó sobre su experiencia previa en el montaje de espectáculos y su búsqueda afanosa desde hace un tiempo atrás por toda La Habana, de un local apropiado donde establecer legalmente una discoteca para personas LGTB, con precios módicos y en pesos cubanos, que sirviera de alternativa a las fiestas en casas particulares y a las opciones en pesos convertibles de algunas instalaciones nocturnas habaneras que ya brindan ese servicio.

Un buen día Navid pasó por Compostela y Muralla, muy cerca del lugar donde vive, y descubrió aquel modesto restaurante de la empresa municipal de Comercio y Gastronomía, posiblemente algo descomercializado por su propia ubicación. Cuando vio las condiciones “estratégicas” del salón, sintió que su búsqueda había terminado.

La administración de El Sótano acogió el proyecto con gran interés y disposición, según refiere Navid. Bajo el nivel de la calle —como bien indica su nombre—, sin grandes filtraciones acústicas, con unas dimensiones apropiadas (alrededor de 13 metros de largo por 9 de ancho, con gruesas columnas y esquinas particularmente “atractivas”), el restaurante podría admitir como discoteca entre 350 y 400 personas, de acuerdo con los cálculos del promotor cultural.

“La idea es genial, los precios de entrada y de las bebidas son más baratos que los de otras discotecas, aunque no vemos todo lo que prometía la publicidad. Pero está muy bien, ahora hace falta que la gente venga”, me comentó Sydney Sánchez, un joven trabajador que compartía allí con su pareja y un grupo de muchachos, quienes —como yo— supo de La fiesta de los Tuix por el citado correo electrónico.

Era la noche inicial, por supuesto. Navid me confirmó que todavía no estaban completos el juego de luces y los efectos propios de ese tipo de instalación, los cuales terminarían de instalar en los días subsiguientes. Sobre la marcha deberán mejorar además otras cuestiones técnicas como la climatización, la ambientación, la propia oferta de la gastronomía, en fin… estaban en la arrancada todavía.

No obstante, había una oferta variada de coctelería, cerveza enlatada, rones embotellados; buena música disco, cubana y baladas —a petición del público— y solamente unas pocas decenas de gay, lesbianas, transexuales y hasta alguna pareja heterosexual, lo cual hizo muy agradable y tranquila la velada inaugural (sobre todo para mí que no gusto de las moloteras).

Supe, además, que el proyecto prevé inaugurar allí para enero una peña de la popular cantante pop Yenisey del Castillo, incorporar humoristas, y eventualmente podría incluir también algún espectáculo de transformismo. Pero su propósito principal será bailar, mover el esqueleto, los sábados desde las diez de la noche hasta las seis de la mañana “para que la gente no tenga que preocuparse con el transporte por la madrugada”, y los domingos hasta la medianoche, precisó Navid.

En un extremo del salón, trabajadoras del restaurante hacían ciertos preparativos para el día siguiente, y quise saber cómo tomaban el hecho de una discoteca gay en su unidad gastronómica, si tendrían alguna reserva al ver parejas del mismo sexo bailar, compartir, vivir. “No, nada de eso, los cantineros están encantados, porque dicen que los homosexuales dicen “por favor” para pedir los tragos —me dijo una de las cocineras— Son lo mejor del mundo, gente de clase”.

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