|
En el estado de Florida, EEUU, se ha producido el peor brote de tuberculosis de los últimos veinte años, que hasta la fecha ha provocado la muerte de 13 personas. Pero, salvo algún medio escrito local, los canales de televisión, las tertulias de radio y los grandes diarios de Miami apenas han informado del asunto. Están ocupadas en el brote de cólera en Cuba.
No son noticia 13 muertes por tuberculosis en Miami, pero 3 por cólera en Cuba llenan portadas
José Manzaneda, coordinador de Cubainformación.- En el estado de Florida, EEUU, se ha producido el peor brote de tuberculosis de los últimos veinte años, que hasta la fecha ha provocado la muerte de 13 personas (1).
Ya en febrero el Centro Nacional de Control y Prevención de Enfermedades alertó sobre el aumento de casos de tuberculosis al gobernador del estado, Rick Scott. Pero éste –curiosamente, un antiguo propietario de clínicas privadas (2)- no atendió a la advertencia y siguió adelante con su programa de recortes presupuestarios, que incluían el cierre del único hospital público del estado para pacientes de tuberculosis.
Pero, a pesar de las 13 personas fallecidas, salvo algún medio escrito local, los canales de televisión, las tertulias de radio y los grandes diarios de Miami apenas han informado del asunto (3).
Quizá sea porque, desde hace días, han centrado su atención en el brote de cólera en Cuba que, según la Organización Panamericana de la Salud, ha causado 3 muertos, adultos mayores con antecedentes por enfermedades crónicas (4).
La desproporción informativa es bien llamativa: una búsqueda en Internet en un solo día, el 13 de julio, ofrecía dos textos sobre la tuberculosis en Florida, por 480 sobre el cólera en Cuba (5).
Los grandes medios de Miami están llevando a la población el mensaje de que el cólera está fuera de control en toda Cuba y el contagio masivo en Miami es inminente. La congresista de ultraderecha Ileana Ros Lethinen, en una nota reproducida por todos los grandes medios, lanzaba una advertencia: “Los viajeros a Cuba deben estar alertas porque la dictadura cubana no está informando con objetividad de la gravedad de la situación y pudieran contagiarse con la enfermedad” (6). El Nuevo Herald de Miami mentía sobre las cifras: hablaba de 15 muertos y reproducía todo tipo de rumores e inventos de supuestos “periodistas independientes” de la provincia de Granma, que certificaban “más de mil y pico de casos” de personas contagiadas, así como de condiciones “caóticas” en los hospitales, que estarían –supuestamente- “clausurados por agentes de seguridad decididos a controlar la información” (7).
La campaña es tan brutal que, hasta medios habitualmente hostiles a Cuba, como el diario español El Mundo, han denunciado la manipulación informativa de sus homólogos de Miami (8).
Según diversos analistas, el objetivo de esta campaña de pánico es afectar la campaña turística de verano, una de las principales fuentes de ingresos de Cuba y, sobre todo, el flujo de migrantes cubanos en EEUU que, en un número cercano a 400.000, visitan su país de origen cada año (9). Finalmente, dos de las obsesiones de la ultraderecha “anticastrista”: intensificar la asfixia económica a Cuba y obstaculizar cualquier acercamiento con la Isla, incluido el familiar.
En el año 2010, recordemos, se desencadenó una epidemia de cólera en Haití, con el resultado de más de 6.000 muertos (10). Pero, a pesar de existir cuatro vuelos diarios entre Puerto Príncipe y Miami, el mismo número que entre La Habana y Miami, y de que se detectaran 15 casos de contagio en esta ciudad de EEUU, ninguno de los políticos o medios citados lanzó los actuales mensajes de alarma social (11).
Hay que recordar que fue la brigada de solidaridad médica cubana la que consiguió –entre otros actores- parar la expansión del cólera en Haití, donde llegó a atender al 40 % de la población afectada (12). Por ello, que organizaciones de Miami dedicadas a sobornar a médicos cooperantes para que abandonen la brigada cubana en Haití y se refugien en EEUU (13), ahora ofrezcan una supuesta ayuda médica “solidaria” a personas afectadas por el cólera en Cuba, resulta casi cómico (14).
En Cuba, todo el sistema sanitario, junto a los actores sociales comunitarios, trabajan intensamente para detener el brote. Los medios de comunicación, que han sido criticados en la Isla por su respuesta tardía (15), están informando a la población, haciendo especial énfasis en las medidas preventivas de limpieza (16). Y en determinadas localidades se están distribuyendo masivamente materiales de higiene a la población (17).
Mientras, en Miami, los campeones de la libertad de prensa siguen sin informar sobre la suerte de los centenares de afectados por la tuberculosis. Quizá porque, en su mayoría, son solo personas sin hogar, reclusos y hasta pacientes psiquiátricos (18).
|
Cuba es, según las cifras y el criterios de expertos, un país con suficientes razones para considerar una fiesta el Día Mundial de la Infancia.
Salud, educación, cultura, deporte, leyes...en estas y otras áreas el gobierno y las instituciones de la isla muestran resultados en el propósito de garantizar el disfrute de los derechos de sus niños.
Para especialistas, ese escenario contrasta con la realidad que viven millones de infantes en un planeta donde el bienestar de los menores constituye muchas veces una utopía.
"La protección de la infancia se vive en Cuba, no me lo tiene que contar nadie, lo he vivido y me siento orgullosísimo de haber participado en el desarrollo de este proyecto social", expresó recientemente a la prensa local José Juan Ortiz, representante de la Unicef en Cuba.
De acuerdo con el funcionario, la consolidación que tiene Cuba de los derechos de la infancia permite a Unicef trabajar de manera diferente y desarrollar programas en el ámbito de la cultura como sublimación de los derechos.
El pasado mes de febrero, durante la presentación del informe sobre el Estado Mundial de la Infancia 2012, Ortiz resaltó que Cuba constituye un ejemplo de sociedad equitativa, con la voluntad política de proteger a niñas, niños y adolescentes.
En ese momento destacó que los cubanos cuentan con escolarización plena, derecho a la participación y posibilidad de jugar en la calle, cuando en otras naciones no sucede así por la inseguridad y la violencia.
Para Ortiz, Cuba es un modelo en el cumplimiento de la Convención sobre los derechos del niño y posee experiencias para mostrar al mundo, en espacios como educación y salud, que son gratuitas y accesibles para todos.
Ello se sustenta en hechos como que la mortalidad infantil en el 2011 fue de 4,9 por cada mil nacidos vivos, mientras que cada niño cubano está protegido contra 13 dolencias, entre ellas poliomielitis, tuberculosis, difteria, tétanos, tosferina, sarampión y hepatitis.
En su más reciente informe sobre educación, la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) reflejó que en el curso 2010-2011 la enseñanza primaria y la secundaria concluyeron con una retención docente de 98,7 y 97,9 por ciento, respectivamente, lo que ratifica el bajo escenario de deserción escolar en la isla.
Desde el punto de vista jurídico, los derechos de los menores también se encuentran amparados por un sistema de leyes que toma en cuenta su bienestar y desarrollo.
El abogado español Carlos Villagrasa, quien visitó Cuba a finales de 2011 como profesor de un curso de la Escuela Iberoamericana de Derecho de Familia, comentó a Prensa Latina que la nación antillana constituye una excepción en medio del contexto del continente.
Cuba es el mejor ejemplo de que, a pesar de la falta de recursos económicos, se puede proteger la infancia si existe una apuesta decidida para atender a sus necesidades básicas, aseguró el también profesor de la Universidad de Barcelona.
En la nación caribeña se desarrollan numerosas políticas sociales y proyectos en diferentes áreas, entre ellos los programas de Atención Materno-Infantil, de Maternidad y Paternidad conscientes y el de Educa a tu hijo.
Otras iniciativas de ese tipo son los programas de Educación Comunitaria Para la Vida, de Atención Integral a la Familia, de Atención Integral al Adolescente, y el plan del Médico de la Familia, en la Atención Primaria de Salud.
Un ejemplo de las acciones desplegadas a nivel nacional está en el proyecto Por un mundo al derecho, en el cual se unen profesionales del Ministerio de Justicia, la Federación de Mujeres Cubanas y de sectores como la salud, la educación, la cultura, la ciencia y el deporte.
El objetivo de la iniciativa es que la familia conozca mejor las leyes para la protección de niños y adolescentes, y según su coordinadora nacional, Ana Audiver, 10 años después de su fundación existen más de 169 círculos de interés en todo el país, en los que se enseña y se debate sobre el tema.
Al referirse al trabajo de Unicef en la isla, José Juan Ortiz refirió que en los últimos cinco años se ha vinculado con la cultura y la protección focalizada en aquellos niños y niñas con problemas no generalizados, es decir, los que cometen actos tipificados como delitos.
En el resto de América Latina el trabajo de Unicef es el cotidiano combate a las bandas de niños y niñas armados, que luego van a la cárcel junto a los adultos, es decir, a la universidad del crimen, explicó.
Ortiz resaltó que en Cuba eso no ocurre, pues son hechos puntuales y no van a la cárcel, sino a las escuelas de reeducación integral, "que yo siempre digo que son las mejores de Cuba, con magníficos recursos humanos, entre psicólogos, profesores; con régimen semiabierto, no hay rejas, ni uniformes."
De los 200 millones de niños vulnerados en el mundo, remarcó, los millones que no van a la escuela, los que sufren de explotación laboral, los que caen en redes de prostitución infantil, ninguno es cubano.
Al referirse a las dificultades del estado antillano en la protección de sus menores, el funcionario expresó que el acoso político y económico contra Cuba es el principal problema que tiene la infancia.
"El país es asediado y el bloqueo -impuesto por Estados Unidos desde hace más de 50 años- provoca un daño atroz", apuntó.
A pesar de ese contexto, el país realiza colosales esfuerzos por mantener la calidad de vida de sus niños y demuestra así que la quimera de una infancia feliz, con disfrute total de sus derechos, constituye para la pequeña isla caribeña una realidad.
* Periodista de la Redacción Nacional de Prensa Latina.


